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Entrevistas

Diario El Mercurio – Actividad Cultural : “Música a Empujones”
Publicado el día 19 Septiembre 2003.

Diario El Mercurio – Actividad Cultural : “Las Voces Femeninas del Jazz Chileno”
Publicado el día 28 de Septiembre 2003.

Diario El Mercurio – Actividad Cultural : “Los Jóvenes Leones del Jazz Nacional”
Publicado el día 11 de Octubre 2003.

Diario El Mercurio Online–
http://www.lamusica.emol.com/tiempolibre/musica/discos/detalle/index.asp?id=1338&tpl=disco

Actividad Cultural : “Ammy Amorette: Primogénita”
Publicado el día 19 de Diciembre 2002.

 

Ammy Amorette: Primogénita

Con una escena jazzística de voces femeninas que a primera vista parecía estar limitada a la figura de Rossana Saavedra (con Claudia Acuña instalada en Nueva York desde 1995), la solista Ammy Amorette hace ingreso en la escasa discografía chilena con este, su álbum debut, “Primogénita”. Un trabajo financiado por Fondart donde Amorette no sólo despliega un interesante modus operandi frente a los micrófonos: también es ella quien firma prácticamente todas estas tonadas.

A los 25 años, Amorette se encuentra en una adelantada posición como improvisadora vocal, más allá de lo que significa interpretar jazzísticamente un standard con swing. Además, su estilo de canto le entrega frescura a un set de canciones que se debaten entre el jazz propiamente tal y pop. En ocasiones pareciera que Amorette es una joven Nicole volcada al jazz.

Como colección de melódicas canciones (algunas muy ardientes y pegajosas como “Bienvenido al sur”) “Primogénita”, marca la largada profesional de esta cantante que sin demasiados recursos logró levantar un disco de 12 piezas originales arregladas por, por ejemplo, Toly Ramírez y Cristián Santis. Más un quinteto de soporte integrado por jóvenes emblemas de la nueva generación:

Agustín Moya (saxo tenor)
Sebastián Jordán (trompeta)
Lautaro Quevedo (piano)
Christian Gálvez (bajo)
Félix Lecaros (batería)

Ellos, como también la cantante, nos confirman que en el jazz más que el repertorio que se interpreta lo fundamental es quiénes lo están interpretando (Fondart, 2003).

Música Popular

Con un pié en el jazz vocal y otro en el pop, la cantante Ammy Amorette (que significa "A mi amor": su verdadero nombre es Ammy Escobar) se instaló como una de las voces más interesantes de la escena posterior a la que lideró en Santiago Rossana Saavedra durante los '90 y que en este tipo de croosover estilístico desde la experiencia de Amorette llegó a tener importantes cultores entrados los años 2000.

Ya a los 17 años Ammy Amorette se movía por los escenarios como cantante profesional, impulsada inicialmente por su padre, el pianista de música popular Jorge Escobar. La interpretación del bossa nova fue el primero de los peldaños por los que Ammy Amorette avanzó como solista, presentándose largamente en duetos con el guitarrista Jorge Paredes. Pero fue trabajo en el grupo Cíclope Siamés el que significó una puesta a punto definitiva en el pop. Un proyecto junto a Nicolás Candia, lleno de matices psicodélicos y una no menor producción lo-fi de grabaciones.

Tras probar en 2001 como la voz original del grupo pop-soul y funk LaMonArt (dejaría su plaza después a Lorena Pualuan), Ammy Amorette se orientó hacia el jazz vocal. Primero levantando duetos de MPB con el pianista Américo Olivari, y después organizando la que sería su primera gran banda de respaldo, y entre quienes contaría con la comparecencia de exponentes como el teclista Lautaro Quevedo, el bajista Christian Gálvez y el baterista Félix Lecaros. Con ellos grabó su disco debut, Primogénita (2003), en su mayoría un set de canciones popjazzeras originales que en 2004 presentó con gran éxito en el Festival de Jazz de México.

Iñigo Díaz

Plan :D Ammy Amorette

Aunque la estética la tapa podría asociarse al punk melódico y adolescente, este disco es profundamente pop. Son canciones de generosos arreglos y estribillos que van mucho más allá del mero lucimiento vocal de Ammy Amorette. Ésta es su segunda producción, tras Primogénita (2003, Fondart), donde la cantante chilena exprime sus influencias de soul, el latin jazz y y la MPB (música popular brasileña).

Amy Amorette se pasea entre el reposo y la exhuberancia. Entonces por un lado tenemos canciones calmadas y de alta exigencia en la voz como "No" o "Fuente de amor", pero también hay lugar para extensas improvisaciones de su banda, como en el solo de órgano en "Nórdico". La versatibilidad se demuestra cuando escuchamos "No tengo preguntas", una canción marchante y con los teclados en staccato como el mejor pop de cámara británico de los '60. Inmediatamente aparece un soul de bonita melodía: "Enredada primavera".

Plan :D es un disco para escuchar varias veces e ir descubriendo los múltiples recursos instrumentales, vocales y cancioneros que caracterizan la escena de la fusión nacional. Un territorio donde Ammy Amorette se mueve con soltura, quizás porque le permite mayores libertades artísticas que en la clásica matriz pop-rock.

JC Ramírez Figueroa


Las Chicas del Jazz

Ammy Amorette es pequeña, rellenita y tiene una voz que mata. Viene llegando de Buenos Aires en donde estuvo tres semanas y un día. Allá cantó con un músico argentino al que contactó por teléfono y leyó poemas, sus poemas, que tienen algo de Rimbaud, que tienen algo de Rodrigo Lira, algo de Héctor Hernández Montecinos.

También pinta, Ammy. Tiene cinco discos a su haber. Pero los cuatro primeros no los contabiliza, los omite, porque la carátula la fabricaron con una fotocopia y todo era muy artesanal y todo era una locura. Pura sicodelia, como dice ella, hablando de lo que hacía en Sicodélicos pencas y Cíclope siamés.

A sus 25 años, Ammy confiesa que ama a Elis Regina, que tiene toda su música, que es lo máximo. Pero ella no es Elis Regina. Ella es Ammy Amorette: amiga de Pedro Lemebel, de Francisco Casas, participante de talleres literarios, súper terrenal, nada de cuiquita, integrante del movimiento de la Funa y del movimiento de minorías sexuales, una chica que cree que es posible el amor entre personas del mismo sexo, heterosexual (por si hay dudas), del signo Acuario. Habla como metralleta, a cien por hora, y vive de manera parecida, porque a poco de llegar de Buenos Aires ya se había apuntado en un viaje a Valparaíso para participar en los Carnavales Culturales, carrete incluido.

Canta en El Perseguidor, en LaTasca, en el Club de Jazz, en La Casa en el Aire. Hasta en el Club de Jazz de Coquimbo ha estado. Sin contar Palermo Viejo, la Plaza Serrano, El Abasto, de su reciente viaje a Argentina. Se las rebusca, golpea puertas, la invitan. Canta con una voz sensual. La misma que utilizaba para cantar bossa nova y folclore latinoamericano cuando partió en esto del canto a los 17 años. Aunque lo suyo es de más antigua data. Casi de cuna, porque su padre, pianista, tenía el estudio en la pieza en que ella dormía. O sea que lo suyo es casi una cuestión natural. El gran secreto de Ammy, como ella misma dice, es su paila. El oído, en otras palabras. Pero Ammy prefiere hablar de la paila. Y dice que, finalmente, eso es lo que define a un buen músico. Tener la paila bien educada. Eso que le permite nodesafinar nunca. O bien, tocar un par de cuerdas de la guitarra para inventar una canción. Ammy se ganó el Fondart el 2001, a pesar de que tenía cero posibilidad.

Y de ahí salió el disco que en estos días vende por mano, cambia por los discos de otros cantantes de jazz o entrega a quien le escriba a su correo electrónico a cambio de cinco mil pesos. Se llama Primogénita y lo grabó en catorce horas, en vivo, como se hacía antes, sin arreglos. El sonidista le decía que estaba loca. Que había que usar la tecnología. Pero no. Ella quería hacerlo a la antigua. Y así lo hizo.

Ammy dice que no le interesa la fama ni el dinero ni producirse con minifaldas y otros artilugios. Está empeñada en tocar guitarra y cantar a la vez y ya tiene dos nuevos temas listos en esa vena. No le gusta la parafernalia y su filosofía de vida es Carpe diem. No la encandila la carrera de Claudia Acuña. Ella se conforma con que la inviten a un lugar en donde ella pueda mostrar lo que hace, su jazz, el jazz de Ammy.

Por Marcelo Simonetti, Fotos: Carla Pinilla
Revista del Sábado, Diario El Mercurio
10 Enero 2004

Ammy Amorette
El Nuevo Plan de la Cantante de Jazz


La improvisación es lo suyo, pero antes de lanzar su nuevo disco, Plan D, esta cantante chilena debió pasar por varios conflictos personales y con los músicos que trabajaron para su primera placa. Hoy está de regreso con un nuevo plan. "Lo que pasa es que el primer disco era jazz-pop, y el de ahora es pop-jazz", explica.

Cuando un músico lanza un nuevo disco es como si pariera un hijo. Por lo menos así lo cree Ammy Amorette, de 31 años, joven cantante chilena de pop-jazz fusionado con otros estilos como el soul y la bossa nova. Pero con Primogénito, el primer álbum que en 2003 lanzó esta artista nacida en Quinta Normal, tuvo severas complicaciones después de su parto. Si bien en un principio los músicos que trabajaron junto a ella le demostraron sus respetos, la artista asegura que al poco tiempo le criticaron todo: desde la calidad del sonido, pasando por la sobrecarga de música experimental hasta la carátula de este álbum financiado tras haber ganado un proyecto del Fondo Nacional de Desarrollo Cultural y las Artes (Fondart).

-Te van diciendo que el hijo de Ammy tiene las pestañas verdes. Era mi hijo, lo amé, hice lo que más pude, pero no estaba motivada para ir a mostrarlo para todos lados porque me iban a decir que estaba feo -revela de forma metafórica Amorette, pese a que la crítica especializada de ese entonces haya catalogado su voz como todo un descubrimiento de la escasa escena del jazz femenino nacional.

Ya había pasado bastante tiempo desde que la música ingresó a su vida, cuando a los seis años, su padre, Jorge Escobar, integrante de un conjunto de cumbia, llevaba el teclado a su pieza para trabajar. Menos años habían transcurrido desde que tenía diecisiete, cuando con su entonces pololo conformaron la banda de rock psicodélico Cíclope Siamés y grabaron cinco discos de forma casera. El dúo actuó en bares del Barrio Bellavista, casas okupas o peñas. Y un poco menos había pasado desde que en 2001 fue la voz original de la banda de pop-soul y funk LaMonArt. Pese a esta basta experiencia, todo había cambiado. En 2003 estaba en la realidad cruda de la música.

Pero "A mi amor" (significado del nombre Ammy Amorette, inventado por su abuela) dice ser perseverante. Tras postular durante cinco años consecutivos a otro financiamiento estatal y haberse apaciguado después de otros ocho años en que "carreteaba de lunes a domingo", como dice ella, en 2009 consiguió nuevos fondos que significaron el nacimiento de su segundo hijo. Es Plan D, álbum que se caracteriza por dejar menos espacios para los solos, con canciones más cortas y radiales, continuando con su base jazzística, pero con más tintes pop que su antecesor.

Pasaste de ser una artista que tocaba un repertorio temático en pubs a tener dos discos y con muy buena crítica. ¿Cuánto te ha costado enfrentar esta realidad?
-No hay ninguna realidad distinta. Yo por lo menos compongo y trabajo con arregladores porque no sé escribir música. Con el primer disco hice lo que quise, pero hasta ahí nomás. Buena crítica y todo, pero eso no te asegura nada. Si no te estás moviendo estás muerta. Si el 2009 no me ganaba el Fondart para hacer el proyecto, yo no sé qué habría estado haciendo ahora.

Entre muchas de tus influencias prima el complemento del pop con el jazz. ¿Qué tan identificada te sientes con ambos estilos?
-No sé, porque cuando yo era menor pensaba que no iba a cantar pop por nada. Cuando alguien se mete en el ambiente del jazz todos son como los semidioses de la música. Pero después, como en el 2003, me percaté de que no. La música es música, y no importa el estilo que tocas. Yo hacía todos los estilos igual, pero me daba miedo influenciarme con el pop.

¿Qué prejuicios tenías contra el pop?
-Que vendía. Y al final dije que no, si son mis composiciones. Y si soy vendida, qué tanto. Fue como aprender a asumir los gustos que una tiene, para bien o para mal. Si a la gente le gusta, qué bueno y si no, también. No hay problema con eso.

¿Y qué concluyes de este nuevo álbum entonces?
-Lo que pasa es que el primer disco era jazz-pop, y el de ahora es pop-jazz. Pero al final son lo mismo porque son mis temas. Si alguien le quiere poner un título de estilo, yo le pondría "temas de Ammy". También hay temas folclóricos, soul, bossa nova y electrónica. Tiene de todo lo que hago, porque no estoy jugando con ninguna cosa que no conozca.

Ammy Escobar, como realmente se llama, más bien ha sido una cantante autodidacta. Tras licenciarse de un bachillerato de canto lírico en la Universidad Tecnológica Metropolitana en 1998, dos años más tarde ingresó a la Escuela Moderna de Música por medio de una beca para estudiar intérprete en canto popular. Sin embargo, sólo duró dos años y medio porque no alcanzó las calificaciones necesarias para seguir obteniendo el beneficio económico.

"Para mí la teoría era el planeta Júpiter", señala. Eso le ocurrió hasta que Toly Ramírez (profesor a quien conoció en la Escuela Moderna de Música) se ofreció a dictarle clases de piano, lo que continúa aprendiendo en la actualidad. "Ahora estoy entendiendo lo que me trataron de explicar hace como siete años", remata.

¿Crees que estás en la edad justa para repuntar?
-Para aplicarme, porque ahora tengo consciencia. Yo hasta los 28 era una inconsciente.

¿Por qué?
-Porque el único sentido que tenía mi vida era pasarlo más bien que ahora. Hoy lo estoy pasando bien pero pensando que tengo que construir algo que me enriquezca.

-La escena femenina del jazz en Chile es escasa y tú eres una de las que más ha sobresalido. ¿Cuál crees que ha sido la fórmula para lograrlo?
-Creo que una cosa se llama talento natural y la otra es el talento que una estudia. Creo que es el don nomás, y uno cuando sabe que tiene eso tiene que ser humilde y estar todo el tiempo aprendiendo. Creo que lo importante es ser músico, teniendo la posibilidad de llevar a la gente a lugares de la música que son exploraciones infinitas del alma. Si llevas a la gente a ese lugar, eres músico, pero si no transportas a nadie, no creo que lo seas.

"Fluir de la inconsciencia"

Sólo ingresar al hogar ñuñoíno donde reside esta cantante basta para enterarse de que su esencia musical es la improvisación. Cuadros surrealistas cuya cantidad ni ella misma sabe cuelgan por las distintas paredes de la casa donde vive junto a sus tres hermanas y a su madre. Todos fueron pintados por Amorette de forma espontánea, como si concretara físicamente sus canciones, que también suelen idearse bajo el mismo método: "el fluir de la inconsciencia", como le nombra. De hecho, el corazón con patas que figura en la carátula de Plan D es originalmente un gran cuadro pintado por ella que está en su casa. "Me pones una gotera y te hago una canción", asegura.

¿Hay algún límite para ti en cuanto a la improvisación?
-No. De hecho, toqué en "Musicircus" (la obra de John Cage para mútiples músicos que fue presentada el 9 de noviembre de 2008 en el capitalino Centro de Extensión UC) haciendo pura improvisación. Me gusta harto porque es creatividad, y pienso que eso es el arte. Es creativo, espontáneo, real, porque es lo que está saliendo en ese instante. No es elaborado.

Pero en Plan D tuviste que filtrar un poco más los temas supongo.
-Claro, en Plan D está todo filtrado. Están las creaciones pero arregladas. Están armados como temas pop, no más de tres minutos y medio. Hay un tema que es largo porque tiene un solo final, pero es porque es soul y es un poco electrónico, pero el resto es con tijera.

Y si te gusta tanto la improvisación, ¿cómo te sentiste escuchando esos temas?
-Es que eran tan bonitos los temas, eran tan melódicos que encontré que el disco estaba cuadradito, estaba todo bien. A mí me gustó.

Quizás en vivo el repertorio cambia.
-Claro. El disco ya está grabado, pero en vivo es inevitablemente pop y obvio que va a haber soul. Va a haber improvisación y no va a durar tres minutos el tema.

¿En qué contexto tienes que encontrarte para escribir las letras?
-Ellas vienen a mí.

¿Cómo, ellas vienen a ti?
-Las palabras, los poemas, las canciones, la música. A veces tengo toda la onda de hacer algo y no me resulta, pero de repente me siento, se me ocurre algo y me sale.

¿No tienes que estar en algún lugar y tiempo determinado?
-No, es así nomás. Es sólo escuchar algo que me motive y ahí sale. La creatividad no tiene palabras, es el sueño. Estar como esos pintores que pintan algo por un año, no. Yo soy de los que pintan un cuadro en una noche. Es como que me viene el flash como un rayo, porque me agarra y soy obsesiva, no me gusta dejar todo para más tarde.

Ignacio Palma


 
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